
En la oficina las actividades extraprogramáticas se mantienen hasta que el jefe vuelva de vacaciones, lo que debería ser el próximo martes (lamentablemente), y se organizó un minicampeonato de babyfútbol con asado, del que yo, rotundamente, me negué a participar (no por antisocial, sino que porque soy pésimo para la pelota), igual mis compañeros siempre me invitan y yo siempre digo que no. La mitad de los hombres de acá están como locos con la llegada de Constanza (la chiquilla regia estupenda que está reemplazando a Beatriz, la secretaria con prenatal, para los que no recuerden), debería decir la mitad más uno (yo también me incluyo), pero aún estoy buscando la manera de acercarme a ella y mejorar su primera impresión de mi, hasta ahora he pensado en fingir un asalto y salvarla oportunamente de las manos de los desalmados, también pensé enviarle secretamente flores todos los días, o incluso .... mmmh, lo reconozco: todas mis ideas vienen del cine y la TV, por eso aún sigo pensando. El problema es que nuevamente fue ella quien se acercó a mi el miércoles. Volvía del almuerzo cuando me encuentro con ella en el ascensor, "Hola" me dice, "jejeje..mmmh...Hola...je" respondí (Nota Mental: sí, definitivamente soy un desastre con las mujeres), "El asado que organizaron es el sábado ¿cierto?, después del partido" preguntó, "eeeeh...sí, sábado, después del partido...esteee ¿vas a ir?" pregunté medio ahogado con saliva, "Sí, me invitaron los chicos de Finanzas, ¿tú vas a jugar?" preguntó de vuelta, "¡Claro! nunca me pierdo estos partidos...jejeje...esteeee, yo me bajo aquí... nos vemos" y salí huyendo del ascensor con la respiración agitada y cinco pisos antes de mi destino (los que subí por las escaleras solo para castigarme por idiota). En resumen, ahora tengo que jugar a la pelota, y decir que soy pésimo es ser muy generoso (es más como: doy lástima).
Por un momento pensé en entrenar en los dos días que me restaban para el partido, pero mejorar mi juego sería imposible en un tiempo menor a 150 años (siendo optimista). Fue entonces que se me vinieron a la memoria una gran cantidad de películas deportivas, algunas de las cuales procedo a comentar con ustedes.

Varsity Blues (1999). A los gringos en YUESEI les encanta hacer películas deportivas, las disfrutan tanto como las de guerra, esta en especial es de fútbol americano (ese deporte de la pelota rara, con forma de Hey Arnold!). Para ser preciso es de cabritos-gringos-de-secundaria-que-juegan-fútbol-americano, en donde el líder del equipo o quaterback (se dice cuarerbac) es el actor que hacía de Dawson en Dawson's Creek (James Van Der Beek), y que después de terminar solo en la serie se fue a jugar fútbol americano con este equipo bien particular que le lleva hasta un chancho de verdad de mascota, todos juntos le saldrán al paso al profe del equipo con tal de ganar el campeonato. Película para pasar un buen rato, entretenida y enganchadora.

Happy Gilmore (1996). Adam Sandler, antes de ser un rockstar de la comedia, hizo varias películas mas simples y en ocasiones mas entretenidas. Esta es una de ellas, Happy Gilmore es un tipo que no sabe hacer nada hasta que por accidente descubre que tiene una condición innata para jugar golf (de una forma bastante bruta) y es tan seco que hasta le pega con un bastón de hockey. Después vendrá la chiquilla regia estupenda, un tutor con manos de palo (tienen que verlo), el golfista PRO envidioso y la participación en el campeonato. Película que nos enseña que el golf es menos aburrido si se juega a lo bestia. Divertida.

Rocky (1976). En dos palabras UN CLÁSICO. Nadie puede decir que no sabe quien es Rocky Balboa, Sylvester Stallone es el culpable de que cuando chico me dieran ganas de ser boxeador y tener la boca chueca (lo cual es plenamente necesario), hasta que me agarré a combos con mi primo Toño y me voló un diente de leche (segundo sueño frustrado). Esta película habla de un tipo de la calle, un tipo común y corriente, que luego de entrenar con un jubilado agarrando a combos la carne del matadero y subiendo escaleras como malo de la cabeza, se convierte en boxeador profesional y reta al campeón. Película para ver siempre. Si le gustó la 1 probablemente querrá ver la 2, la 3, la 4... etc.

Goal! (2005). Esta es la típica historia del típico cabro chico moquillento de la típica pobla que crece con el típico sueño de ser un típico futbolista. Y como es típico, la película engancha. Sin ser una obra maestra logra entretener y que uno piense en que siempre el cabro chico si es medio marginal, pero talentoso para la pelota tiene oportunidad de surgir, no será de la realeza pero al menos malgastará los millones en autos, ropa, mujeres, fiestas, etc. Por cierto, hay una segunda parte (Goal! 2....obvio) que cuenta lo que es típico que pase luego de una típica historia como esta. Fórmula probada, entretenida.

Shaolin Soccer (2001). Chinos (o japoneses...o tailandeses...o coreaneses, no sé) karatecas jugando a la pelota. Algo así como Los Supercampeones en carne y hueso. ¿Hace falta explicar más? Entretenidísima a mas no poder.

Historias de fútbol (1997). No podía dejar de lado esta tremenda película nacional. Son tres historias relacionadas por una cosa: el fútbol (por eso se llama así). En la primera la estrella de un equipo de barrio (La Pobla F.C.) tiene que elegir si se arregla los bigotes o no. En la segunda historia una tropa de niñitos se encuentran una pelota que sale volando de un estadio y tratan de decidir quien se queda con ella con una competencia de flatos (¡BRRRP! la pelota es miaaaarrrrrbrp!). En la tercera y última historia un joven santiaguino encallado en Chiloé hará todo lo posible por no perderse un partido de la selección (y cuando digo todo, me refiero a todo). Gran película que puso un antes antes del después.
Lo dejaremos ahí por ahora, puesto que pretendo encontrar la forma de mejorar mi rendimiento futbolístico antes del partido, ya que si debo ser sincero la mayor cercanía que he tenido con el fútbol fue un pelotazo en 6° básico que me dejó con un TEC cerrado y un trauma por un par de años. En fin, si hago el ridículo espero que Constanza esté viendo para otro lado. Quien me manda también.
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